sábado, 6 de abril de 2013

Relato: PASIÓN CONTENIDA




Por más que luchara contra mi corazón, mi cabeza nunca conseguía imponerse a él.
Había intentado por todos los medios posibles olvidarme de él, olvidarme de ese chico que me tenía loca, de ese chico por el cual suspiraba nada más escuchar su voz, ese chico por el que me despertaba en mitad de la noche jadeando, soñando que algún día estaríamos juntos compartiendo una noche apasionada sin apenas tiempo para dormir. Pero no era más que eso, un sueño, mi amor era imposible. Sólo pensar que vivíamos a cientos de  kilómetros de distancia me entristecía, y más aún el hecho de pensar que sólo lo veía unas pocas veces al año. Veraneábamos en el mismo lugar, pero después cada uno regresaba a su ciudad de origen. Y así ocurría año tras año.

Hacía unos meses que había regresado de mis vacaciones y me había obligado a mí misma olvidarme de él. Ya no éramos unos críos, y yo había gastado todas mis armas habidas y por haber en enviarle indirectas, tontear con él, y que él me correspondiera haciéndose el loco. Supuse que estaría enamorado de otra, así que decidí olvidarme de él de una vez por todas y aprender a vivir. Así que, cuando salía por las noches con mis amigas, además de pasármelo genial con ellas, me gustaba conocer chicos.

Pero empecé a notar que algo me ocurría sábado tras sábado. Y es que al principio de la noche me encontraba como una diosa, bailando, bebiendo, disfrutando de la compañía de mis amigas y de los chicos que iba conociendo. Pero, a medida que las copas se iban sucediendo una tras otra, mi mente me jugaba malas pasadas. Todos los chicos los comparaba a él. Quería olvidarlo, pensar que lo nuestro nunca sería posible, pero semana tras semana, meses, incluso años, estuve en aquella situación. Nunca conocía a nadie como él, por lo cual dejé de salir tan a menudo con mis amigas.

Aquel sábado celebrábamos el cumpleaños de mi mejor amiga. Salimos a comernos la noche, a darlo todo. Pasada la media noche, acudimos a nuestro bar favorito. Las copas, las risas, la música, el baile…. La verdad es que me lo estaba pasando genial. Pero entonces ocurrió. Me iba acercando a la barra a pedirme una copa cuando, allí mismo, apoyado en la barra del bar, vi a un chico de espaldas que era clavadito a él, a mi amor imposible. “ Joder, con lo bien que iba la noche” pensé. Después de que mi corazón diera su vuelco habitual ( sí, lo sé, aun sabiendo que no era él, siempre lo hacía), di otro paso hacia la barra y entonces el chico se giró. En ese momento, mi corazón no dio un vuelco, sino que temí desmayarme en ese mismo momento. Era algo increíble: si no tenía un hermano gemelo,¡¡¡ ahí estaba  él!! Mi amor imposible, el chico que me tenía loca, el culpable de no poder seguir adelante con mi vida, el culpable de que no existiera siquiera otro hombre en el planeta tierra que me hiciera sentir ni de lejos lo que él me hacía sentir.
- ¡¡Ali, pero qué sorpresa verte!!- su sonrisa me hizo intuir que no era precisamente sorpresa lo que sentía- ¡Es broma! Sabía que te encontraría aquí.

Si alguien en la vida ha sentido ese cosquilleo que te indica que las cosas van a ir muy bien, me entenderá perfectamente, porque así me sentía yo.

-  Ya te lo contaré más tarde, estoy aquí con unos amigos, que casualmente conocen a otros amigos, que sabían que te encontraría por aquí de fiesta- me dijo.

A pesar de que la discoteca estaba a rebosar de gente, en ese momento el tiempo se paró para mí. Las copas de más, la emoción de tenerle a él, lo que me acababa de decir, la música de fondo, y la sensación de que cada vez estábamos más y más cerca…..sólo me dejé llevar. Me abalancé hacía él y, con toda la pasión que me llevaba consumiendo año tras año, por no poder salir a flote, la desaté en aquel preciso momento. Su lengua buscó enseguida la mía. Nuestros labios se convirtieron en animales salvajes que no podían dejar de besarse, nuestros cuerpos se pegaron cual imanes atraídos por toda esa pasión retenida que por fin veía la luz. Fue un beso apasionado, pero lleno de amor y dulzura a la vez. 



-  ¿ Por qué has venido aquí?- le pregunté, cuando nuestras bocas, por fin, consiguieron separarse la una de la otra.

-   Por ti- me dijo, mirándome fijamente a los ojos- Qué mejor excusa que una escapada con los colegas para animarles a venir aquí de fiesta.

Sus palabras eran música para mis oídos, la música de la discoteca parecía no sonar en aquel momento. Abrió la boca para continuar hablando, pero volví a besarlo como si en ello me fuera la vida. El me correspondió cogiendo mi cabeza con su mano, masajeándome el cuello mientras nuestros cuerpos subían y subían de temperatura.

-  Ahora sólo quiero estar contigo, tú y yo, solos- le dije al oído.

-  Mis amigos y yo estamos alojados en un apartamento a 5 minutos de aquí, y no llegarán hasta bien entrada la mañana- me susurró.

-  Pues no sé qué hacemos aún aquí- le dije, mostrando mi  sonrisa más maliciosa- Te espero en la entrada de la discoteca en 5 minutos.

Fui a despedirme de mis amigas, les dije que sentía tener que marcharme así pero que no me encontraba bien. Cogí mi abrigo y salí de la discoteca, pero ni el frío conseguía apagar el fuego que ardía en mi interior en ese momento. Él ya estaba fuera, me agarró por la cintura y me acercó fuertemente a él. Mientras caminábamos por la calle, no podíamos separarnos el uno del otro, se me hacía interminable el camino a su apartamento. 
Pero por fin llegamos, abrió la puerta del portal y nos encaminamos hacia las escaleras, pues no había ascensor. Menos mal que se trataba de un primer piso. Pero, nada más pisar el primer escalón, me empujó contra la pared, me atrapó las dos manos con las suyas por encima de mi cabeza, y comenzó a besarme todavía más apasionadamente que en la discoteca. No podíamos esperar más, nuestros cuerpos pegados el uno al otro, sedientos de placer, su erección a través de los pantalones se mostraba cada vez más aprisionada….

Jadeando y con la respiración entrecortada conseguimos llegar hasta la puerta del apartamento. Cerramos la puerta detrás nuestro, por fin nos encontrábamos solos, era el paraíso, 4 paredes que nos ocultaban del resto del mundo, 4 paredes donde dar rienda suelta a tanta pasión contenida…

Se sentó en un sofá que había junto a la entrada, en el pequeño salón, y yo no dudé en colocarme encima de él, a horcajadas. Mientras nos besábamos nos íbamos quitando la ropa de arriba como podíamos, ardientes, deseosos el uno del otro. Cuando conseguí quitarme el sujetador, se quedó mirándome unos segundos, mientras me decía que llevaba soñando con ese momento años, pero que ni en sus mejores sueños hubiese llegado a imaginar un momento tan perfecto. Entonces los dos nos levantamos, yo le quité el pantalón y él me quitó el mío. Por suerte, llevaba uno de mis tangas favoritos, perfecto para la ocasión.

-   Siéntate en el sofá- me ordenó, con gesto muy serio, pero embriagadoramente seductor.

Hice lo que me pedía, y, en ese momento, él se arrodilló delante de mí, me obligó a abrir mis piernas con sus manos, introdujo su cara entre ellas, deslizó ligeramente el tanga a un lado y empezó a lamer mi clítoris con suavidad. ¡ Joder, estaba excitadísima, y eso era indescriptible! Ohh…..sabía cómo moverse, sabía cómo mover y deslizar su lengua dentro de mí……estaba demasiado caliente, le dije que parara puesto que estaba a punto de estallar……

-   Hueles tan bien….ahora súbete encima de mí, por favor, nena- me dijo.

Era lo que más deseaba en ese momento, pero decidí no hacerle caso. Antes quería saborear  su preciado tesoro, que se mostraba ansioso tras los bóxers. Así que me levanté, le empujé encima del sofá, me puse de rodillas ante él y comencé a jugar con su sexo en mi boca. Mi lengua giraba y giraba, sin apenas detenerse, saboreando mi rico y delicioso cucurucho. Podía escucharle gemir, estaba disfrutando del momento tanto como yo…… 




Entonces me levanté, me coloqué encima suyo y cuando noté su pene debajo de mi vagina, tan sólo me dejé caer, y fue entonces cuando nuestros cuerpos se hicieron uno solo. Los dos estábamos sobre-excitados, sólo deseábamos aquello, nuestros cuerpos envueltos en uno sólo, nuestras bocas incansables, nuestras lenguas jugueteando sin parar, moviéndose cómo sólo podían hacerlo dos amantes que se deseaban cual agua en el desierto.

No podíamos parar de movernos, sólo separábamos nuestras bocas para besar el cuerpo del otro, mientras él besaba mis pechos, yo lamía su torso desnudo, ese torso que tantas veces había imaginado en mis sueños…………

Lo tenía para mí, mi amor imposible ahora era mi amante de ensueño en aquel momento, la lujuria se había apoderado de nosotros. Nuestra sed no tenía fin, nuestros cuerpos cada vez se pegaban más y más, más fuerte, arriba y abajo, en movimientos tan perfectos que sólo eramos capaces de gemir y sentirnos tan unidos…..

Estaba llegando al más dulce de los paraísos,  podía sentirlo cada vez más cerca, y en sus ojos veía que él estaba igual. Nos abandonamos al mayor de los placeres en el mismo momento en el que el primer rayo de luz de la mañana se abría paso a través de la ventana. Quedamos extasiados en el sofá, sudando, increíblemente felices……

Él no compartía habitación con ningún colega, por lo que fuimos a dormir a su habitación. Por suerte, sus amigos no llegaron  hasta bien entrada la tarde, lo cual nos dio permiso para dormir un poco y seguir disfrutando de nuestros cuerpos desnudos……



 Escrito por: Blue dolphin

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