sábado, 23 de febrero de 2013

AMOR ENTRE AMIGOS


AMOR ENTRE AMIGOS

 

25 de Julio de 2005, un día que no olvidare jamás.

Me costó mucho conseguir que se fijase en mí, no es que yo sea horrorosa pero había algo que lo hacía  complicado. Los dos nos conocíamos desde hace mucho tiempo y éramos muy buenos amigos, siempre de bromas, con muy buena relación. Un día sin darme cuenta empecé a pensar y caí que a ese amigo de toda la vida lo empezaba a ver de otra manera.

Pensar en él como algo más, hizo que me pusiese muy nerviosa y sin darme cuenta y sin querer mi actitud hacía él comenzó a cambiar.

Cuando estaba con él no podía dejar de mirarle, reírle las gracias y sobre todo estar pendiente de lo que hacía y de cómo estaba. Así estuve unos meses, intentando controlarme e intentando que esto que sentía se fuese. Era un sin vivir. Intentaba convencerme de que ya lo había superado y que estaba todo controlado pero no, lo único que hacía era engañarme y pasarlo cada vez peor.

Por eso y porque ya no aguanta más, decidí hablar con él. Fue una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar. Me daba pavor, no sabía cómo iba a reaccionar y no quería perderlo como amigo aunque después de esto si me decía que no, no sabría cómo lo iba a afrontar.

Llego el día, le dije para quedar y tomar algo. Me pase toda la noche pensando en que decirle y como decírselo. Me imaginé la conversación mil veces. A veces me decía que él también sentía lo mismo pero la mayoría de las veces el me decía que no y todo acababa. Sí, soy un poco negativa. Ese momento que me hacía estremecer y que con ansia anhelaba por fin llego. Ya era el momento de saber si él sería mío o todo acabaría.

Allí estábamos los dos sentados en una mesa del bar, apenas había nadie. Nos pusimos lo más apartados posible. Por su manera de mirarme, sabía que él algo sospechaba, que algo pasaba. Empecé a hablar, titubeaba no me salían las palabras, mi cuerpo estaba temblando y me sudaban las manos. Él me miraba desconcertado, no entendía mi actitud. De repente me cogió la mano y me dijo que me tranquilizase que no pasaba nada, que estuviese tranquila. Como siempre tan atento.

Comencé a hablar, le dije todo lo que había pasado estos últimos meses, como me sentía y lo que sentía por él, mis miedos a poder perderlo a que todo cambiase. Él me escuchó atentamente sin quitar su mirada de la mía, hasta que terminé de hablar. Después, con un gesto de la cabeza le di paso para que me dijese algo, pero nada, no hubo ninguna respuesta. Me soltó la mano, aparto su mirada de la mía y lo único que me dijo fue, que necesitaba tiempo, se levanto y se marcho.

El ver como se iba alejando de mí, hizo que me sintiese muy pequeña, insignificante. En ese momento solo quería desaparecer, sentía que todo se había acabado, la cagué. No podía dejar de sentirme culpable y lo único que quería era llorar y eso hice. No entendía nada, tiempo, necesitaba tiempo ¿para qué? Tendría que tener claro que sentía. O igual estaba pensando si seguir siendo un amigo o no. Las respuestas a tantas preguntas no las tenía y eso hacía que estuviese cada vez más frustrada. Dos meses sin saber nada de él. Fueron los dos peores meses de mi vida.

Suelen decir que después de la tormenta siempre llega la calma. Ese día no fue como otro cualquiera. Me sentía bien, viva, esplendida y no sabía por qué. Sentía que algo me iba a suceder, pero algo bueno. Al mediodía cuando salí de trabajar como siempre miré el móvil y tenía aparte de unas cuantas llamadas de mi madre y un mensaje. Al ver de quien era, me quede paralizada. El mensaje era de él. No me atrevía a abrirlo, me daba pánico leerlo. Después de unos minutos, cogí aire y lo leí.

SMS: Hl, siento cm me marche, pr n me lo esperaba. Me gustaría hablar cntigo. Hoy a las 8 en mi casa.

No me lo podía creer, quería hablar conmigo a las 8 en su casa. En ese momento volvieron a mi cabeza esas mil preguntas sin respuestas que antes tenía.

Miré el reloj, las 8 en punto. Toque el timbre y una voz dulce me contesto y me abrió la puerta. Hay estaba él, mirándome como yo lo miraba el día del bar. Lo notaba nervioso, impaciente, con ganas de decir algo. Me Hizo un gesto para que me sentase en el sofá. Me senté y él se puso a mi lado. Se notaba mucha tensión en el ambiente. Comenzó a hablar pero no le salían las palabras, titubeaba. Yo le cogí de la mano y lo miré, él sonrió. Empezó a hablar a decirme que sentía lo que paso en el bar que no estuvo bien dejarme así sola pero que lo pille de sorpresa, no se lo esperaba. Me dijo que estos dos meses había estado pensando y que se había dado cuenta de que a él también le pasaba lo mismo y que quería intentarlo. Sí, como estáis leyendo, quería intentarlo.

En ese momento solo pude hacer una cosa, me acerque y le bese. La atracción y la pasión hicieron que no nos pudiésemos despegar. Nos levantamos del sofá y nos dirigimos a la habitación.

Estábamos uno frente al otro y nos mirábamos como locos enamorados. Solo quería que me hiciese suya y que nuestros cuerpos se fundiesen. Me aparto el pelo de la cara y me lo puso detrás de la oreja. Nos miramos y juntamos nuestros labios dándonos un beso apasionado. Comenzó a desabrochar mi camisa y me quito el sujetador dejando mis pechos al descubierto. Seguimos besándonos mientras él, masajeaba mis pechos. Estaba excitada, quería más. Cogí su niqui y se lo quite dejando su cuerpo desnudo. Pase lentamente mis manos por su dorso bajando poco a poco hasta su pantalón. Una vez le quite los pantalones y con ellos los calzoncillos pude ver su pene erecto. El sonrió al ver que yo no le quitaba el ojo. Agarro mira cara suavemente y la levanto dejando mis ojos frente a los suyos.

Sin esperármelo me cogió del culo y me alzo encima suyo, esto era increíble ahora podía notar su pene duro. Me dejo tumbada en la cama y se puso encima de mí. Cada vez me estaba más excitada, quería más. Un beso en la frente, en la mejilla, en la boca, poco a poco fue bajando con sus besos calientes llenos de ternura. Un pecho, el otro, la tripa y se para. Coge un condón de la mesilla. ¡Preparada! Me dijo. Yo sin poder aguantarme más eche mi cuerpo hacia atrás estremeciéndome.

Volvió a ponerse encima pero esta vez yo ya no tenía mis pantalones asique sin más preámbulos me penetro. Me sentía muy a gusto, excitada, feliz. No quería que acabase. El empezó a moverse poco a poco con un ritmo constante, pero mi cuerpo me pedía más y eso le pedí. Empezó a darme lo que yo quería, cada vez más rápido y con más intensidad. Estaba muy caliente, no quería que parase pero estaba llegando al climax. ¡Sí, sí!  Grite y mi cuerpo se desplomo, él calló encima de mí.

A partir de ese día empezamos a compartir nuestras vidas.

 

Escrito por La chica del vestido rojo

No hay comentarios:

Publicar un comentario