domingo, 2 de diciembre de 2012

¿Han notado los hombres un bajón de apetito sexual con la crisis?

Los recortes también han llegado a la sexualidad de los hombres. Las consultas especializadas se están llenando, de unos años a esta parte, de varones que se quejan de impotencia y falta de deseo sexual provocado por la crisis económica. La demanda de información y terapias de pareja relacionadas con impotencia y pérdida de la líbido han crecido con la recesión en torno a un 20% o un 30%. La situación ha llegado a tal extremo que asombra incluso a los mismos profesionales de la sexología. ¿Es posible que a los hombres también les duela la cabeza? La respuesta, por lo visto, es que sí.






«No es cuestión de tópicos. La inhibición del deseo sexual ha sido tradicionalmente algo ligado a lo femenino. En una relación de pareja, de pronto ellas sufrían una especie de cortocircuito y se les inhibía el apetito sexual. Ahora, en cambio, hay un mayor número de hombres que demandan información y terapia. Algo que clásicamente estaba conectado con el alma femenina, resulta que cada vez es más frecuente en el mundo masculino». Así describe la situación el sexólogo José Luis Beiztegui, coordinador de las jornadas de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, que reunirán hoy y mañana en Vitoria a unos 150 especialistas procedentes de toda España. Los hombres, según detalla este experto, no sólo sufren pérdida de deseo, sino que su abordaje y resolución resulta incluso más complejo que en las mujeres.


Las causas que la originan pueden ser diversas, pero generalmente están ligadas al ámbito laboral, que parece ser lo que explicaría esta especie de epidemia de la desgana. Una rebaja salarial, la amenaza de perder el empleo, el despido de compañeros, quizás un caso de acoso laboral... Son cuestiones que en los hombres generan desánimo, favorecen la ansiedad y machacan la autoestima.

Adiós al «macho ibérico»


«El hombre, además, vive ahora más desorientado que nunca», subraya el especialista. Durante siglos, relata, ellos desempeñaban en la relación de pareja el papel del «macho ibérico», siempre dispuesto al encuentro sexual. «Esa diferenciación de roles era algo que, para bien y para mal, ejercía sobre el varón cierta presión que le impedía rechazar una invitación al sexo», razona.

En cambio, en los últimos 50 años, especialmente en las últimas décadas, los varones han comenzado a mostrarse más femeninos, adoptando como naturales actitudes más propias de la mujer. «No es una cuestión de guerra de sexos. Está demostrado desde hace tiempo que si das una muñeca a un niño y un tanque a una niña, él la arrojará contra un cristal y ella acabará acunándolo». Las conductas de ellos han cambiado y, posiblemente, su salud también lo nota. «Aunque sea en menor medida, también es cierto que la pérdida de deseo de los hombres ha existido siempre, pero quizás ahora tengan menos problemas a la hora de reconocerla».


Las consecuencias de la crisis afectan al conjunto de la sexualidad masculina, «no sólo a lo meramente genital», según detalla el especialista alavés. Es una especie de proceso en cadena, que si no se le pone freno resulta imparable. Cae la autoestima, aumentan los celos, la convivencia en pareja se deteriora y puede llegarse incluso a recurrir a la violencia. Todo depende, en buena medida de la personalidad de cada uno, de sus mecanismos individuales para afrontar la adversidad.


Hay quien puede con todo, quien parece que lo hace y con el tiempo se derrumba; y quien cuenta con menos recursos para enfrentarse a los problemas. «Lo malo es que cuanto más te enojas, peor pones las cosas. Te vuelves incapaz de ver las emociones que tu pareja expresa con su cuerpo y, a la mínima, saltas con tu hijo. Al final, se generan incomunicación, celos, problemas de pareja, de relaciones familiares...».

«Todo tiene solución»


La relación de problemas sexuales que se han incrementado no sólo incluye afecciones del hombre, sino también de la mujer. En ellas han aumentado los casos de pérdida de deseo, dificultades para alcanzar el placer y de vaginismo, que es la incapacidad de la mujer para hacer el amor por la contracción involuntaria de los músculos de la vagina. Las complicaciones sexuales son sólo una parte de los problemas de tipo psicológico y mental que ha traído la crisis. Ayer mismo, el Observatorio vasco de Acoso Moral informó de algo que viene siendo también una constante en los últimos años: la inseguridad en el empleo y las contrataciones cada vez más precarias están provocando un aumento de enfermedades mentales como ansiedad y depresión.





Las consultas por problemas sexuales del hombre han aumentado, «pero la demanda de terapias no tanto», se lamenta José Luis Beiztegui. Los casos de inapetencia y dificultades para la erección crecen, pero los recursos económicos escasean. Una terapia de pareja puede necesitar entre diez y doce sesiones a un precio que oscila, en función del terapeuta, entre los 50 y 80 euros. «No dejamos a nadie tirado, pero sí existe la sensación de que la necesidad es mayor que la demanda», explica el especialista. «Muchos vienen a una primera consulta y después desaparecen».


«Uno no puede abandonarse al desánimo que genera la falta de empleo», concluye Beiztegui. «En cuestiones eróticas, si uno se abandona, al final pasan cosas». Los problemas se agudizan y pueden llegar a cronificarse. La buena noticia es que, generalmente, tienen solución. «No hay que dejarlo pasar. Hay que preocuparse, hablarlo con la pareja y buscar la ayuda adecuada».

vía: elcorreo.es

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