lunes, 29 de octubre de 2012

¿Pueden las personas mayores disfrutar de una vida sexual satisfactoria?


Escrito por Marta Muñoz de León el Jueves, 25 Octubre 2012 Publicado en Sexología Lecturas: 182
¿POR QUÉ HABLAR DE SEXUALIDAD EN LA TERCERA EDAD? PUES SE TRATA DE UN TEMA POCO ESTUDIADO Y A LA VEZ DE GRAN IMPORTANCIA PARA LA POBLACIÓN A LA QUE ATAÑE.
Al investigar sobre este tema, nos encontramos con cantidad de creencias falsas que lo rodean, entre las que se encuentran la idea de que estas personas no tienen una vida sexual activa, o de que no están interesados en la sexualidad; creencias muy comunes y arraigadas entre la población en general, y que a la vez pueden afectar poderosa y negativamente a la experiencia sexual de los ancianos, convirtiéndose en verdaderas formas de discriminación. 
Aún hoy día, en nuestro ámbito sociocultural, la sexualidad de los ancianos, además de ser muy desconocida, quizás por el miedo que despierta hablar de ella, se encuentra afectada por la cantidad de mitos y prejuicios que la rodean, tales como: “La belleza y la sexualidad son exclusivas de la juventud”, “la sexualidad cesa alrededor de los 50 años”, “con la edad se pierde el apetito sexual”. Falso, pues aunque esté anulada la capacidad de reproducción esto no conlleva la pérdida del interés y de la actividad sexual; solo las enfermedades psíquicas y orgánicas pueden afectar al deseo sexual.  Además, la variación o alteración del cuerpo físico no implica bajos niveles de atracción física ni de expresión sexual.  “Los ancianos que mantienen deseos sexuales se consideran personas inmorales”. Todo lo contrario, pues la forma de vivir la sexualidad persiste a lo largo de toda la vida.  “El anciano es un discapacitado sexual”, “todos los ancianos son impotentes”. No obstante, la capacidad de erección se mantiene hasta la proximidad a la muerte, e incluso es científicamente posible fecundar un óvulo con esperma senil. “Los ancianos sólo necesitan cariño y contacto, no sexo”, “la mujer mayor no quiere sexo, es innecesario en sus vidas”. Nada más falso, pues tanto la actividad sexual como el interés por el sexo son propios de cualquier etapa de la vida. No hay pruebas de que el proceso de envejecimiento, por sí mismo, determine una disminución del interés sexual, lo que produce es un cambio en las formas de experimentar y disfrutar de la práctica sexual.

La actitud negativa que niega la sexualidad en el adulto mayor puede tener dos explicaciones:

  • La incorrecta asociación que se ha establecido entre la sexualidad y la reproducción, la cual hace considerar solo normal la actividad sexual en época reproductiva.
  • La instauración del prejuicio “viejo igual a enfermo”
Si es cierto que existe una disminución de la libido a partir de los 70 años, no obstante es necesario recordar que la sexualidad humana o la vivencia sexual depende de tres factores: Factores biológicos, factores psicológicos y factores sociales. Por tanto, la edad puede influir en alguno de los factores que están implicados en la sexualidad, pero esto no significa que se anule la respuesta sexual.

Factores Biológicos

En cuanto a los factores biológicos, es de sobra conocido que la vejez implica una serie de cambios fisiológicos tanto en el hombre como en la mujer. En el caso de la mujer los más significativos son:
  • Menopausia
  • Afectación de los órganos sexuales internos (vagina más corta, menos elástica y menos lubricada, contracción de los tubos uterinos, disminución del tamaño de los ovarios y del útero)
  • Afectación de los órganos sexuales externos (atrofia de los labios mayores, dificultad de erección del clítoris, mamas menos firmes)
En el hombre los cambios fisiológicos son:
  • Tiempo más largo para lograr la erección
  • Tiempo más corto de mantenimiento de la erección
  • Fase de orgasmo más corta y con menor volumen de líquido seminal
  • Orgasmo menos explosivo y enérgico
Sin embargo, los cambios fisiológicos en la vejez no justifican en sí mismos una pérdida brusca y significativa de la actividad sexual, sobre todo si tenemos en cuenta que la sexualidad es un proceso más amplio, que se refiere a la manera de vivir el individuo su propio sexo y a la forma de relacionarse a través de él, sin ceñirse exclusivamente al acto sexual, es un proceso que implica el placer intercambiado, el encuentro entre dos personas, la formación de la pareja, la convivencia, la vivencia de sensaciones placenteras, el contacto físico, etc.
Una adaptación adecuada a estos cambios fisiológicos puede tener como resultado incluso un enriquecimiento de la sexualidad de la persona o de la pareja.

Factores sociales

Existe también una serie de factores sociales que pueden influir en la actividad sexual del anciano. El más contundente, y que provoca más abstinencia sexual, sobre todo en la mujer, es la falta de pareja. Recordemos que como promedio los hombres mueren siete años antes, y nuestra sociedad actual no aprueba el hecho de que ella trate de buscar una nueva pareja, por lo que quedan colocadas fuera del juego. La monotonía en la pareja y los problemas de comunicación hacen también que se vea mermada la actividad sexual de las personas de la tercera edad. Otro factor importante que también puede influir es la jubilación. La jubilación provoca un cambio en su rol social, y la preocupación derivada de este cuando no se está preparado para afrontarlo, actúa de forma negativa en las relaciones sexuales del anciano. Y cómo no, las creencias morales y religiosas que tiene la persona influyen también en su manera de vivir la sexualidad. También el desconocimiento, o la información sesgada puede obstaculizar el adecuado disfrute de la sexualidad en esta etapa de la vida.            

Factores Psicológicos

Como sabemos, el envejecimiento conlleva también una serie de cambios y consecuencias psicológicas en el anciano, que puede influir en un buen desarrollo de su actividad sexual, como son los cambios en el autoconcepto y la imagen corporal. Su propia autovaloración, su actitud ante la realidad de un cambio en las respuestas sexuales de su organismo, pueden dificultar una respuesta sexual idónea, ya que las actitudes regulan nuestra conducta sexual en lo que pensamos, sentimos y hacemos; y respecto a esto, numerosos estudios señalan que los propios adultos mayores se perciben a sí mismos de forma negativa.
Por tanto, es labor de todos empezar a despojarnos de todos estos prejuicios que tan instaurados tenemos y tanto daño causan a esta población. Es momento de plantearnos un cambio de actitud respecto a este tema y promocionar la salud sexual del anciano. Para comenzar, debemos normalizar el tema de la sexualidad, eliminando los obstáculos que impiden a las personas mayores hablar, promocionando la comunicación e intercambio de opiniones sobre el mismo; informar a las personas que están en esta etapa de la vida sobre los cambios esperables en el envejecimiento; dar a conocer una nueva sexualidad, no limitada al coito; favorecer la creación de redes sociales adecuadas para las personas mayores que les permitan satisfacer sus necesidades de afecto e intimidad en los casos de bajo apoyo social, o situaciones de soledad por viudez o separación, etc.
La sexualidad no termina con la vejez.

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